Pío Baroja

Baroja, en sus Memorias, escribió: «El árbol de la ciencia es, entre las novelas de carácter filosófico, la mejor que yo he escrito. Probablemente es el libro más acabado y completo de todos los míos.»

Biografía

  • images.jpgNace en San Sebastián en 1872.
  • En Madrid estudia Medicina y se doctora con una tesis sobre el dolor (preocupación significativa), pero ejerció poco tiempo como médico, en Cestona.
  • Vuelve a Madrid para regentar la panadería de una tía suya, pero sus contactos con escritores le llevan a entregarse de lleno a su vocación literaria.
  • Tras colaboraciones en diarios y revistas, publica sus primeros libros en 1900.
  • Sigue una etapa de intensa labor además de varios viajes por España, Francia, Inglaterra, Italia: hasta 1911 publica diecisiete novelas que constituyen lo más importante de su producción.
  • Vida sedentaria dedicada a escribir sin descanso.
  • En 1935 ingresa en la Real Academia Española de la Lengua.
  • La Guerra Civil le sorprende en el País Vasco desde donde pasa a Francia.
  • En 1940 vuelve a Madrid y recupera su vida tranquila.
  • Muere en 1956 en Madrid.


Personalidad

  • descarga.jpgHombre de talante solitario y amargado: “enfermo” por tener más sensibilidad de la necesaria.
  • Su timidez y su espíritu de independencia, más que su misoginia, le hacen rechazar el matrimonio, a la vez que fustiga a la prostitución: opta por una auto-represión a la que atribuye él mismo un desequilibrio y un talante de hombre rabioso.
  • Pesimismo sobre el hombre y el mundo al tiempo que es capaz de sentir una inmensa ternura por los seres desvalidos o marginados.
  • Fustigador de la crueldad humana.
  • Absoluta sinceridad: no quiere engañar ni engañarse.
  • Aunque su esperanza en una sociedad mejor fuese cada día más pequeña, sintió siempre una gran añoranza de acción: a la vida aburguesada y gris, opuso la improvisación y la energía. En muchos de sus personajes proyecta un ideal de hombre de acción que a él le hubiera gustado ser y que tanto contrasta con lo que fue su vida.

Ideología y pesimismo existencial

  • Sus ideas sobre el mundo y el hombre se inscriben en la línea del pesimismo existencial.
  • El escepticismo preside todas sus ideas: desde la religión hasta la política y la ciencia.
    • Revela el desvalimiento espiritual en que la crisis de principios de siglo había sumido a muchos espíritus.

  • Para él el mundo carece de sentido.
    • La vida le resulta absurda.
    • No alberga ninguna confianza en el hombre.
    • Esto explica le hastío vital de muchos de sus personajes.
    • Influencia de Schopenhauer quien definía la vida como una cosa oscura y ciega, potente y vigorosa, sin justicia, sin fin; una fuerza movida por la voluntad. En vano se buscará sentido a la vida: ciega, insensata, cruel.

  • Ideología política marcada también por el escepticismo.
    • Contactos juveniles con el anarquismo, aunque sólo le atrajo de él la rebeldía, el impulso demoledor de la sociedad establecida.
    • Abominó del comunismo y del socialismo, pero también de la democracia, que le parecía el absolutismo del número.
    • Esto le lleva a proclamarse partidario de una dictadura inteligente: el mejor gobierno es el de los más inteligentes.
    • La definición que más le conviene es la de liberal radical (nada de dogma político, que remarca su individualismo y su nula confianza en un mundo mejor). De ahí que sus personajes preferidos sean los inconformistas del más diverso signo:
    • el hombre de acción, que se alza contra la sociedad, aunque rara vez con éxito.
    • el hombre abúlico, cuyo impulso vital ha quedado paralizado por la falta de fe en el mundo.


Su concepción de la novela

  • Género multiforme, proteico, ya que lo abarca todo. Estamos ante la típica novela abierta o, como él decía, permeable.
  • Esta concepción del género lleva a su despreocupación por la composición: está en contra de los novelistas que parten de un argumento cerrado y definitivo.
    • Sus novelas presentan una marcha disgregada que permite muchos cambios. Llega a afirmar que una novela es posible sin argumento, lo que le importa son los episodios, las anécdotas, las digresiones.
    • Tampoco le preocupa la unidad más propia de la obra teatral o del cuento: “Una novela larga será siempre una sucesión de novelas cortas.

  • La invención, la imaginación disponible son las cualidad supremas del novelista, junto a la observación.
  • Aunque sus novelas no quieran probar una tesis, de ellas se desprende una concepción de la vida.
  • A pesar de defender la falta de técnica en su novelística, termina por reconocer que hay “una ciencia de novelista, quizá intuitiva, muy perfecta y muy sabia”.
    • Lo que él llama “falta de composición” o “desorganización” no son sino formas particulares de componer y de organizar la materia novelística.
    • Su novelística, su manera de contar, supone una novedad en relación con la estructuración del relato en la novelística inmediatamente anterior.

El estilo
  • Incorrecciones gramaticales que él atribuía a su origen.
  • Su estilo es coherente con su ideal de espontaneidad narrativa.
    • Lleva al extremo la tendencia antirretórica de los noventayochistas.
    • Afirma su voluntad de hacerse una retórica de tono menor, hecho de continencias y economía de gestos, y desprovista de aquellas galas convencionales que le parecían “adornos de cementerio”.

  • El resultado de esa voluntad de estilo es una prosa rápida, nerviosa, vivísima.
  • En ello reside su novedad, inserta dentro de los intentos renovadores de la época: en su prosa hay una manera de respirar que no es la tradicional.
  • Tono agrio que corresponde a su temperamento amargado.
    • Se manifiesta en expresiones contundes como zarpazos, a menudo feroces, que propina sin cesar.
    • No hay que olvidar su contrapunto: la inesperada aparición de una pudorosa ternura.

  • Frases cortas y párrafos breves que explican:
    • La viveza y amenidad del relato.
    • El relieve de sus descripciones.
      • Técnica impresionista: descripciones rápidas, hechas de pinceladas escuetas que, con unos detalles significativos, producen una intensa impresión de realidad.
      • Opuesto a las prolijas descripciones de los realistas decimonónicos.

  • Naturalidad.
    • Su manifestación más evidente es la autenticidad conversacional de los diálogos.

Su obra
  • Escritor muy fecundo: más de sesenta novelas escritas a ritmo de dos por año.
  • Treinta y cuatro de ellas se agrupan en trilogías, cuyos títulos indican el rasgo común de las novelas que las componen. Las más importantes son:
    • Tierra vasca: formada por La casa de Aizgorri (1900), El mayorazgo de Labraz (1903) y Zalacaín el aventurero (1909). Unidad dada por el ambiente.
      • La última cuenta las andanzas de un hombre de acción en medio de la última guerra carlista.
    • La vida fantástica: formada por Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox (1901), Camino de perfección (1902) y Paradox, rey (1906).
      • El protagonista de la segunda, Fernando Ossorio, encarna la
        • angustia existencial
        • el anhelo de hallar un sentido a la vida;
          • incluye una visión muy noventayochista de las tierras de Castilla.
      • Las otras dos tienen como protagonista al insólito Paradox, simpático, anárquico, al margen de convencionalismos.
    • La lucha por la vida: formada por La busca (1904), Mala hierba (1904) y Aurora roja (1905).
      • La primera es la obra más intensa del autor:
        • panorama implacable y realista de los barrios más míseros de Madrid
        • el protagonista, Manuel, figura conmovedora, zarandeada por la sociedad.
    • La raza: formada por El árbol de la ciencia, La dama errante (1908) y La ciudad de la niebla (1909).
    • Las ciudades: formada por César o nada (1910), El mundo es ansí (1912) y La sensualidad pervertida (1920).
      • Destaca la primera, cuyo protagonista, César Moncada,
        • hombre enérgico que se enfrenta con el ambiente muerto y degradado de una ciudad provinciana,
        • y termina venciendo.
    • El mar: formada por cuatro novelas –Las inquietudes de Shanti Andía (1911), El laberinto de las sirenas (1923), Los pilotos de altura (1929) y La estrella del capitán Chimista (1929).
      • La primera es inolvidable
        • por el recio tipo de marino vasco que presenta,
        • por las anécdotas
        • los personajes que componen un vivísimo ambiente marinero.
    • Memorias de un hombre de acción (1913-1935): serie de 22 novelas cuyo protagonista es Eugenio de Aviraneta, dinámico personajes del siglo XIX y antepasado del autor.
    • Numerosos cuentos y novelas cortas: destacan los incluidos en Vidas sombrías (1900).
    • Ensayos, libros de viajes, biografías, varias obras dialogadas –de las que sólo tiene alguna carácter realmente teatral, de escaso interés- y un único libro de versos –Canciones del suburbio (1944), de escaso valor-.
    • Desde la última vuelta del camino: sus memorias en siete volúmenes.
      • Se trata de un largo soliloquio en que Baroja: recuerdos, juicios, opiniones estéticas, morales y de toda índole,
      • con su característica independencia y su insobornable sinceridad
        un poco al hilo de la ocurrencia y con su habitual naturalidad expresiva.
      • Testimonio
        • de la personalidad del autor
        • del panorama de toda una época.


Significación de Baroja

  • una figura representativa de la sensibilidad y del ambiente espiritual de su generación, ** desazón y conflictos que los españoles compartieron con los escritores europeos de la misma época.
  • el novelista por antonomasia de la literatura española contemporánea, por sus dotes de narrador y por su capacidad de creación.
    • maestro de los novelistas de la posguerra.
      • por la fuerza de su testimonio sobre la sociedad
      • el vigor de su estilo sobrio


El árbol de la ciencia

Archivos de análisis de la novela:





Introducción

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  • Tiene mucho de autobiografía.
  • Radiografía de una sensibilidad y de unos conflictos espirituales que se hallan en la médula de la época.






Argumento
El árbol de la ciencia
El árbol de la ciencia
Andrés Hurtado es un joven estudiante de Medicina de finales del siglo XIX. Aunque ha llegado a la universidad con muchísimas ganas de aprender, pronto se desilusiona al comprobar el deplorable estado de la universidad española. Entabla relaciones de amistad con Aracil, Montaner, Lulú... y, al acabar la carrera, pasa dos meses en un pequeño pueblo de Burgos como médico sustituto. De vuelta a Madrid, mantiene con su tío Iturrioz largas conversaciones sobre la sociedad, la ciencia y la filosofía. Es destinado como médico al pueblo manchego de Alcolea del Campo, donde es testigo de la ignorancia, del caciquismo y del egoísmo que presiden las relaciones sociales. Se desilusiona nuevamente y decide regresar a Madrid, ciudad en la que ejerce como médico de Higiene. Su relación profesional con los pacientes no hace sino aumentar su pesimismo vital. Finalmente, decide casarse con Lulú, pero su vida matrimonial se verá marcada por una serie de trágicos acontecimientos.


Novela autobiográfica
Se podría decir que El árbol de la ciencia es una novela casi autobiográfica de la juventud de su autor (entre 1887 y 1896), ya que son muchos los elementos coincidentes entre la vida de Andrés Hurtado y la de Pío Baroja; por ejemplo, la vida universitaria, sus amigos, la muerte del hermano Luis (Baroja perdió también a su hermano Darío), el ejercicio de la medicina en el pueblo (Alcolea-Cestona) y el enfrentamiento con el médico titular, las conversaciones con el tío Iturrioz (contrafigura de un tío de Baroja llamado Justo Goñi), etc. Y, además, en el reflejo de las ideas filosóficas que Baroja leyó en Kant, Nieztsche y Schopenhauer, principalmente. No es autobiográfica, en cambio, ni en el casamiento de Andrés ni en su triste final. Como apunta Sergio Beser, "la figura de Andrés Hurtado es fundamentalmente resultado de la integración de tres líneas confluyentes –vida del autor, testimonio generacional y pensamiento de Schopenhauer-, correspondientes a vivencias, actitudes, pensamientos o incidencias biográficas de Baroja" (El árbol de la ciencia. Pío Baroja, ed. Laia, 1983, pág. 87).

La trama central: historia de una desorientación existencial
  • descarga (1).jpgNovela de aprendizaje: desarrolla la vida de Andrés Hurtado, un personaje perdido en un mundo absurdo y en medio de circunstancias adversas que constituirán una sucesión de desengaños.
    • El ambiente familiar lo convierte en un muchacho reconcentrado y triste.
    • Se siente solo, abandonado, con un vacío en el alma.
    • Siente una sed de conocimiento, espoleado por la necesidad de encontrar una orientación, algo que dé sentido a su vida.
    • Los estudios no colman tal ansia: la universidad y la ciencia españolas se hallan en un estado lamentable.
      • Su contacto con los enfermos de los hospitales y su descubrimiento de miserias y crueldades, constituyen un nuevo motivo de “depresión”.
      • También agudizan su exaltación humanitaria, pero políticamente se debate entre un radicalismo revolucionario utópico y el sentimiento de la inanidad de todo.
    • Al margen de sus estudios descubre nuevas lacras como las que rodean a Lulú, la mujer que habrá de ocupar un puesto esencial en su vida.
    • La muerte de su hermano, Luis, que se suma a todo como un hecho decisivo que le conduce al escepticismo ante la ciencia y a las más negras ideas sobre la vida.
    • Se consuma así, en lo fundamental, la educación del protagonista.
    • Las etapas posteriores de su vida constituyen callejones sin salida:
    • El ambiente deforme del pueblo en donde comienza a ejercer como médico le produce un “malestar físico”.
      • Madrid, a donde vuelve, es un “pantano” habitado por “la misma angustia”.
      • El protagonista, “espectador de la iniquidad social”, deriva hacia un absoluto pesimismo político, se aísla cada vez más y adopta una postura pasiva en busca de una paz desencanta (es la abulia noventayochista).
    • A una paz provisional accederá tras su matrimonio con Lulú.
      • Pero pronto le atenazará una angustia premonitoria de la muerte de su hijo y de su mujer, definitivo desengaño que lo lleva al suicidio.
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La estructura

  • La trayectoria de Andrés va hilvanando multitud de elementos con esa libertad tan característica de la novela barojiana, lo que no quiere decir ausencia de composición.
  • Estructura externa:
    • Se compone de siete partes que suman 53 capítulos generalmente breves.
    • El número de capítulos que integran cada parte es variable: 11, 9, 5, 5, 10, 9 y 4, respectivamente.

  • Estructura interna:
    • Dos etapas de la vida del protagonista, separadas por un intermedio reflexivo (parte IV).
    • En torno a este intermedio, las etapas (integradas cada una por tres partes) presentan entre sí una clara simetría.


Esquema de la estructura externa y la interna:

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  • Estructura, por tanto, equilibrada.
  • Importantes paralelismos de contenido.
  • Sin embargo, esta estructura no encorseta el relato: el hilo narrativo va devanándose con gran libertad y entrelazándose con multitud de anécdotas laterales, con los elementos más heterogéneos en apariencia.

Los personajes y el arte de la caracterización

Personajes principales:

    • images (6).jpgAndrés.
    • Lulú:
      • En la segunda parte se presenta como un producto marchito por el trabajo, por la miseria y por la inteligencia; graciosa y amarga, lúcida y mordaz, no acepta derechos ni prácticas sociales.
      • Sin embargo, tiene un fondo muy humano y muy noble y muestra una singular ternura por los seres desvalidos. Valora la sinceridad y la lealtad.
      • Usa una técnica de caracterización paulatina: se van definiendo poco a poco, en situación, por su comportamiento, por sus reflexiones, por contraste con otros personajes, al hilo de los diálogos, etc.
      • Son tipos que evolucionan: van adquiriendo espesor humano.

Personajes secundarios:
    • Padre de Andrés: despótico y arbitrario.
    • Aracil: cínico, vividor sin escrúpulos.
    • Luisito: tierno.
    • Iturrioz: el filósofo.

Personajes colectivos:
    • rápidamente esbozados: profesores, estudiantes, enfermos, personal de los hospitales, amigos y vecinos de las Minglanillas, gentes del pueblo, etc.
    • bocetos vigorosos,
      • cargados de un sentido satírico,
      • en ocasiones, impregnados de ternura o compasión.
    • piezas de un ambiente, figurantes de un denso telón de fondo, cuyo papel es la constitución de una atmósfera insustituible.
      • En ocasiones, el detenerse en un personaje
        • no se justifica por necesidades del argumento central,
        • sino por es tendencia de Baroja a entretenerse en el camino.
          • las incidencias en los personajes secundarios influyen
            • en la trayectoria de Andrés,
            • en su sensibilidad.

En el siguiente enlace puedes ampliar más sobre el análisis de los personajes del El árbol de la ciencia:
Sobre los personajes y sus técnicas de caracterización


Ambiente
  • Viene trazado admirablemente: le bastan muy pocos rasgos para dar impresiones vivísimas.
  • Abundan los cuadros imborrables: el “rincón” de Andrés y lo que se ve desde su ventan, los cafés cantantes, la sala de disección, los hospitales, la casa de las Minglanillas...
  • Notable la maestría del paisaje, sin necesidad de acudir a descripciones detenidas a la manera de los realistas del siglo XIX.

El alcance social. La realidad española

  • Los personajes y ambientes constituyen un mosaico de la vida española de la época: una España que se descompone en medio de la preocupación de la mayoría.
  • Baroja prodigará zarpazos contra las anomalías o los absurdos de esa España.
  • A propósito de los estudios de Andrés se traza un cuadro sombrío de la pobreza cultural del país y se insiste en el desprecio por la ciencia y la investigación.
  • Los aspectos sociales: pronto aparecen (parte I y II) las más diversas miserias y lacras sociales, producto de una sociedad que Andrés quisiera ver destruida.
  • La visión de la realidad española se estructura en la parte V y VI, en la oposición campo/ciudad:
    • El mundo rural: “un cementerio bien cuidado”.
      • Mundo inmóvil, presidido por la insolidaridad y la pasividad ante las injusticias.
      • Se denuncia el caciquismo, que conlleva la ineptitud o rapacidad de los políticos.

  • La ciudad: Madrid, “un campo de ceniza” por donde discurre una “vida sin vida”.
    • Presenta muestras de la más absoluta miseria, con la que se codea la despreocupación de los pudientes, de los señoritos juerguistas.

  • Ante la iniquidad social, el protagonista siente una cólera impotente.
    • Ésta le llevará al anarquismo espiritual, basado sin solución práctica ninguna
      • en la simpatía
      • en la piedad, .


El sentido existencial de la novela

  • Novela filosófica:
    • Pesimismo.
    • Conflictos existenciales: centro de la obra.
    • Religión:
      • Andrés se despega tempranamente de las prácticas y habla con desprecio a los católicos como su amigo Lamela.
      • Siguiendo a Kant cree que los postulados de la religión son indemostrables.
    • Ciencia:
      • No le proporciona las respuestas que busca a sus grandes interrogantes sobre el sentido de la vida y del mundo.
      • Al contrario, la inteligencia y la ciencia no hacen sino agudizar el dolor de vivir.

  • Así, Hurtado no halla ningún asidero intelectual y la vida humana queda sin explicación, sin sentido.
  • Sus lecturas filosóficas lo confirman en esa concepción desesperada, especialmente Schopenhauer, de quien proceden, casi textualmente, algunas de las definiciones de la vida que encontramos en la novela.
  • Con esta concepción desesperada de la vida, de influencia schopenhaueriana, se combina la idea de la lucha por la vida (Darwin), de la vida como “cacería cruel en que nos vamos devorando unos a otros”.
  • El tema de la crueldad está muy presente en esta obra.
  • Soluciones a los problemas existenciales:
    • Según Iturrioz hay dos:
      • La abstención y la contemplación indiferentes de todo.
      • La acción limitándose a un círculo pequeño.
    • Andrés optara por la primera vía, la ataraxia, siguiendo también el consejo de Schopenhauer de matar la voluntad de vivir.

  • Otras muchas ideas se entretejen con éstas, como la concepción del amor.

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PROFUNDICEMOS sobre el Sentido de la novela
Aunque El árbol de la ciencia encierre –como hemos apuntado- una fuerte carga de denuncia social, el principal objetivo de esta novela es mostrar la evolución vital e intelectual de Andrés Hurtado. Estamos, pues, ante una novela filosófica que busca en la ciencia, en el conocimiento, las respuestas a las grandes preguntas sobre el sentido de la vida.
Tras acabar la carrera de Medicina y de ejercer breve tiempo como médico rural, Andrés regresa a Madrid y tiene largas conversaciones con su tío Iturrioz, a quien confiesa que no le entusiasma el ejercicio de la medicina:
-Pero, bueno, tú, ¿qué vas a hacer? [le pregunta su tío.] ¿No te entusiasma visitar?-No.Y entonces, ¿qué plan tienes?-¿Plan personal? Ninguno.-¡Demonio! ¿Tan pobre estás de proyectos?-Sí, tengo uno: vivir con el máximo de independencia. En España, en general, no se paga el trabajo, sino la sumisión. Yo quisiera vivir del trabajo, no del favor.-Es difícil. ¿Y como plan filosófico? ¿Sigues en tus buceamientos?-Sí. Yo busco una filosofía que sea primeramente una cosmogonía, una hipótesis racional de la formación del mundo; después, una explicación biológica del origen de la vida y del hombre.-Dudo mucho que la encuentres. Tú quieres una síntesis que complete la Cosmología y la Biología; una explicación del Universo físico y moral. ¿No es eso?-Sí.-¿Y en dónde has ido a buscar esa síntesis?-Pues en Kant, y en Schopenhauer, sobre todo.-Mal camino –repuso Iturrioz-; lee a los ingleses; la ciencia en ellos va envuelta en sentido práctico. No leas esos metafísicos alemanes [porque estos te alejan de la vida, viene a decirle Iturrioz].-¿Y qué? –replicó Andrés-. Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin brújula, sin luz adonde dirigirse. ¿Qué se hace con la vida? ¿Qué dirección se le da? [...]-Estás perdido –murmuró Iturrioz-. Ese intelectualismo no te puede llevar a nada bueno.-Me llevará a saber, a conocer. ¿Hay placer más grande que este? (IV, 1).
Ansioso por conocer, Andrés comienza leyendo las ideas filosóficas de su profesor Letamendi:
Andrés Hurtado, que se hallaba ansioso de encontrar algo que llegase al fondo de los problemas de la vida, comenzó a leer el libro de Letamendi con entusiasmo. La aplicación de las Matemáticas a la Biología le pareció admirable. Andrés fue pronto un convencido (I, 8).
Según Letamendi, la vida es una función indeterminada entre la energía individual y el cosmos, y esa función solo puede ser la multiplicación. Sin embargo, el análisis de esta idea con sus amigos y una nueva lectura del libro de Letamendi acaban por convencerlo de que
esas fórmulas matemáticas y su desarrollo no eran más que vulgaridades disfrazadas con un aparato científico (I, 8).
Decepcionado con Letamendi (que fue profesor de Baroja en la facultad de Medicina y lo suspendió dos veces), acude posteriormente a los libros de profesores franceses e italianos, que tampoco lo convencen:
La mayoría de estos libros no tenían más que el título sugestivo; lo demás era una eterna divagación acerca de métodos y clasificaciones (I, 8).
Así que Andrés acaba por centrarse en Kant (1724-1804) y Schopenhauer (1788-1880). Para Kant, los dos postulados más importantes en que se basan la religión y la filosofía –Dios y la libertad- son indemostrables. Andrés le dice a su tío:
[...] el Universo no tiene comienzo en el tiempo ni límite en el espacio; todo está sometido al encadenamiento de causas y efectos; ya no hay causa primera; [...] Después de Kant, el mundo es ciego; ya no puede haber ni libertad ni justicia, sino fuerzas que obran por un principio de causalidad en los dominios del espacio y del tiempo. [Y lo que se desprende de ello es que] el mundo no tiene realidad; es que ese espacio y ese tiempo y ese principio de causalidad no existen fuera de nosotros tal como nosotros los vemos, que pueden ser distintos, que pueden no existir.
Andrés está convencido de la teoría metafísica de Kant de que los conceptos de espacio, tiempo y causalidad son propiedades de la inteligencia humana y no de la misma realidad, meollo también de la metafísica de Schopenhauer:
Acabado nuestro cerebro, se acabó el mundo. Ya no sigue el tiempo, ya no sigue el espacio, ya no hay encadenamiento de causas. Se acabó la comedia, pero definitivamente (IV, 1).
Este pesimismo vital de Andrés Hurtado (el pesimismo es una constante en la obra de Baroja) procede fundamentalmente de la filosofía de Schopenhauer (su filósofo de cabecera), recogida en la obra El mundo como voluntad y representación. Para Schopenhauer, -tomando las palabras de Fernando Savater del vídeo enlazado- "la vida no tiene sentido ni valor. Somos un querer que nunca puede satisfacerse ni detenerse. Y, por eso, vivimos en permanente sufrimiento cuando no alcanzamos los objetos de nuestro deseo o en profundo tedio cuando los alcanzamos. La realidad no es lo que nos representamos o pensamos, sino que es profundamente absurda. Para Schopenhauer este mundo es el peor de los mundos posibles". Existe solo una fuerza cósmica, que él llama la voluntad. La voluntad es un impulso ciego e irracional que domina el mundo, que hace nacer y morir continuamente. La vida entera del hombre es voluntad ciega, eterno desear insatisfecho, una corriente agitada de pasiones e impulsos. "Vivimos anhelando cosas que no llegan y que nos hacen sufrir, y que cuando llegan nos sacian y nos hastían e inmediatamente nos proyectan hacia otros deseos". Una voluntad así es una voluntad atormentada. "Corremos detrás de diferentes objetos que nunca alcanzamos o, si los alcanzamos, enseguida nos hartamos de ellos, porque todos esos objetos son solo representaciones que la misma voluntad pone ante nosotros. Nuestra vida es, por eso, permanente sufrimiento". Los seres humanos se ven atrapados en una dolorosa paradoja: no pueden resistirse al impulso de la voluntad, que les acarrea el sufrimiento, pero desean liberarse de él. Para escapar de esta maldición hay tres vías: a) la contemplación estética, porque aunque sea puntualmente, la voluntad se aquieta. (Todas las artes son liberadoras al permitir el surgimiento de la contemplación desinteresada y, aunque no consiguen redimir al hombre de la vida, al menos le permiten un alivio momentáneo); b) desenamorarse de la vida, porque es la voluntad la que nos hace apegarnos a la vida; en este camino ascético se desarrolla la compasión por la que el ser humano se hace cargo de todo el sufrimiento del mundo, y busca activamente el sufrimiento propio y el ajeno, de modo que el interés por la vida va disminuyendo progresivamente; c) cambiar la voluntad por lanoluntad, es decir, transformar el querer en el no-querer, aniquilando en nosotros todo deseo (se trata del acceso al nirvana: la liberación de los deseos materiales, la quietud, la paz).
En I, 6, Baroja cuenta que Andrés iba algunos domingos a pasar la tarde con Fermín Ibarra, un joven enfermo de artritis, y que al salir de la casa del enfermo, Andrés tenía una idea agradable de su vida. (El alivio del sufrimiento propio mediante la contemplación del dolor ajeno es una idea que procede de Schopenhauer). Pero fuera de esos momentos con Fermín, todo lo demás (sus estudios, sus relaciones familiares y con sus amigos y hasta sus pensamientos) le causaba una impresión de dolor y de amargura. Su negativa visión de la existencia se resume en la frase con la que termina este capítulo: La vida en general, y sobre todo la suya, le parecía una cosa fea, turbia, dolorosa e indomable, frase que ilustra a la perfección el pesimismo vital de Pío Baroja.
Cuando visita el Hospital de San Juan de Dios –nuevo motivo de depresión y de melancolía para Andrés- piensa que
el pesimismo de Schopenhauer era una verdad casi matemática. El mundo le parecía una mezcla de manicomio y de hospital; ser inteligente constituía una desgracia, y sólo la felicidad podía venir de la inconsciencia y de la locura (I, 10).
Las lecturas de Schopenhauer conducen a Andrés a la no-acción:
La lógica justiciera y revolucionaria de los Saint-Just ya no le entusiasmaba, le parecía un poco artificial y fuera de la Naturaleza. Pensaba que en la vida ni había ni podía haber justicia. La vida era una corriente tumultuosa e inconsciente, donde todos los actores representaban una comedia que no comprendían; y los hombres llegados a un estado de intelectualidad contemplaban la escena con una mirada compasiva y piadosa (I, 10).
Tras haber descrito las vidas de los vecinos de Lulú (II, 6, 7 y 8), Andrés siente la necesidad de "comentarlas filosóficamente" y acude a ver a su tío Iturrioz, a quien le pregunta por las consecuencias que pueden sacarse de esas tristes vidas. Su tío le responde, con ecos de Darwin,
que la vida es una lucha constante, una cacería cruel en que nos vamos devorando los unos a los otros. Plantas, microbios, animales (II, 9)
y que solo consideramos justo lo que nos conviene (por ejemplo, que el hombre mate a una hiena, pero no al revés). ¿Será capaz el hombre –se pregunta Iturrioz- de borrar la vieja sentencia latinaHomo homini lupus? No a corto plazo, desde luego. Entonces, ¿cómo debemos actuar en la vida? Iturrioz concluye:
[...] ante la vida no hay más que dos soluciones prácticas para el hombre sereno: o la abstención y la contemplación indiferente de todo, o la acción limitándose a un círculo pequeño. Es decir, que se puede tener el quijotismo contra una anomalía; pero tenerlo contra una regla general, es absurdo. [...] tú puedes abarcar en tu contemplación la casa, el pueblo, el país, la sociedad, el mundo, todo lo vivo y todo lo muerto; pero si intentas realizar una acción, y una acción justiciera, tendrás que restringirte hasta el punto de que todo te vendrá ancho, quizás hasta la misma conciencia.
La respuesta de Andrés es de un pesimismo absoluto:
-Es lo que tiene de bueno la filosofía –dijo Andrés con amargura-; le convence a uno de que lo mejor es no hacer nada (II, 9).
Ese no hacer nada, ese contemplar con serena imperturbabilidad (ataraxia) la lucha natural, se convirtió en el ideal de Baroja.
El capítulo IV, 3 se titula "El árbol de la ciencia y el árbol de la vida" y está situado justamente en el centro de la novela, convirtiéndose en el eje estructural y temático del libro:
Tú habrás leído [en el Génesis, le dice Iturrioz a Andrés] que en el centro del Paraíso había dos árboles: el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. El árbol de la vida era inmenso, frondoso y, según algunos santos padres, daba la inmortalidad. El árbol de la ciencia no se dice cómo era; probablemente sería mezquino y triste. [...] Y Dios, seguramente, añadió: "Comed del árbol de la vida, sed bestias, sed cerdos, sed egoístas, revolcaos por el suelo alegremente; pero no comáis del árbol de la ciencia, porque ese fruto agrio os dará una tendencia a mejorar que os destruirá" (IV, 3).
Los griegos y los semitas, para vivir, se inventaron los dioses y el Paraíso, y han dominado el mundo.
Kant –dice Andrés- ha sido el gran destructor de la mentira grecosemítica. Él se encontró con esos dos árboles bíblicos de que usted hablaba antes, y fue apartando las ramas del árbol de la vida que ahogaban al árbol de la ciencia. Tras él no queda en el mundo de las ideas más que un camino estrecho y penoso: la ciencia. [...] Kant pide por misericordia que esa gruesa rama del árbol de la vida que se llama libertad, responsabilidad, derecho, descanse junto a las ramas del árbol de la ciencia para dar perspectivas a la mirada del hombre. Schopenhauer, más austero, más probo en su pensamiento, aparta esa rama, y la vida aparece como una cosa oscura y ciega, potente y jugosa, sin justicia, sin bondad, sin fin (IV, 3).
Andrés quiere confiar en el progreso de la ciencia como modo de resolver los problemas más profundos de la vida humana y alcanzar un mundo mejor. La ciencia nos revelará las leyes de la naturaleza, y el hombre -a través de la razón y de la experiencia- logrará alcanzar la verdad. Pero la verdad que encuentra es la del nihilista Schopenhauer: que el mundo es puro determinismo sometido a las rígidas leyes de la naturaleza, voluntad ciega, irracional y amoral, y que el conocimiento –la ciencia- es incompatible con la vida. Andrés –que ha comprobado que ni la medicina ha podido salvar a su mujer ni la Naturaleza a su hermano Luisito- se ve así abocado al más trágico final. Sin embargo, la frase que cierra la novela -había en él algo de precursor- deja abierta la puerta a la esperanza, a que un día "la vida pueda comprenderse y limitarse mediante el conocimiento y la ciencia".

Estilo

  • Gusto por el párrafo breve.
  • Naturalidad expresiva, tanto en lo narrativo como en lo descriptivo o en los diálogos.
  • Uso intencionado de términos coloquiales y vulgarismos, con una perfecta conciencia de sus valores ambientales o expresivos.


LÁZARO, F. - TUSÓN, V. Curso de Lengua Española.- Anaya, Manuales de orientación universitaria. ps. 68-77, según la adaptación de
Irune Urtaran Gil..





  • Relaciona la obra y la biografía de su autor
    • Datos biográficos que aparecen en la obra
      • Estudiante de Medicina,
      • Muerte de su hermano mayor Darío,
      • Viaje a Burjasot,
      • Médico rural en Cestona,
      • Regreso a Madrid,
      • Tesis doctoral sobre El dolor. Estudio de psico-física,
    • Pensamientos del autor reflejados en el texto:
      • Relación entre realidad, verdad y ciencia,
        • Higiene
      • Inquietudes filosóficas de Baroja,
        • Kant,
        • Nietzsche,
        • Schopenhauer,
      • Preocupaciones sociales y políticas del protagonista
        • No aceptar lo que le parece injusto

  • Sitúa la obra en el contexto literario al que pertenece
    • Generación del 98

  • Sitúa la obra en el contexto social, cultural y artístico de la época a la que pertenece
    • La guerra de Cuba



Referencias